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martes, 9 de agosto de 2011

Los participantes en la Escuela de Verano conocen armamento medieval y greco-romano


Antonio Bermúdez, investigador y apasionado de la Historia, enseñó a los niños y niñas que están participando en la Escuela de Verano de la Universidad Popular de Manzanares la morfología y el funcionamiento de distintas armas de asalto de la Antigüedad y la Edad Media. Por medio de reproducciones en miniatura y un completo documental, los pequeños conocieron la evolución del armamento.

El pasado viernes, los niños y niñas de la Escuela de Verano de la Universidad Popular tuvieron ocasión de conocer de primera mano la historia del armamento de asalto, desde la Antigüedad hasta la Edad Media. Por medio de una actividad didáctica y amena, los pequeños contemplaron en la Casa de Cultura el funcionamiento de dieciséis máquinas de guerra, realizadas a escala por Antonio Bermúdez.

A pesar de que sus estudios académicos se encaminaron hacia la Ingeniería Técnica, Bermúdez es un apasionado de la Historia, por lo que se decidió a desarrollar estas maquetas, en escala 1:20. Cabe destacar que todas ellas funcionan correctamente, algo para lo que, según el ponente, le han resultado de gran utilidad sus conocimientos de Física.

Tras la proyección de un documental explicativo, elaborado por él mismo, los niños y niñas de la Escuela de Verano fueron viendo las máquinas en miniatura una por una y pudieron comprobar su funcionamiento, con el asalto a un castillo amurallado, construido para tal fin.

Entre las distintas máquinas que ha reproducido Antonio Bermúdez se encuentran, por ejemplo, una torre de asalto, un lanzallamas de Delio, un ariete, una balista romana, un onagro, un mantelete, un lanzavenablos, un scorpio o un couillar, junto a otras armas griegas, romanas y medievales.

En este sentido, Bermúdez destaca la perfección alcanzada en la tecnología bélica por parte de los romanos, que llegaban a obtener un 90% de éxitos en sus asedios a ciudades amuralladas. Así, apunta que junto a los soldados, se desplazaba en la batalla todo un ejército paralelo compuesto por distintos artesanos, herreros, carpinteros, ingenieros o cordeleros.

La minuciosa labor realizada por Antonio Bermúdez ha ido más allá de la maquinaria de guerra y ha realizado también una pequeña colección de armas de mano, como distintos tipos de espadas, lanzas o manguales, con los que ha armado a los soldados en miniatura que acompañan sus maquetas.

Bermúdez añade que esta charla explicativa es apta para todas las edades, pudiendo resultar interesante tanto para niños como para universitarios. En cuanto a la creación de las maquetas, recuerda que ha sido una labor dura, que le ha llevado más de año y medio de trabajo, pero “el resultado final ha sido muy satisfactorio”.

miércoles, 8 de abril de 2009

Bermúdez cuestiona el “Perdón” de Sebastiani


VER VÍDEO: http://www.youtube.com/watch?v=23OBPsoc7Go

El investigador de la Historia local, Antonio Bermúdez, ha realizado un estudio, “La Otra Mirada”, en el que analiza y muestra sus reflexiones sobre los hechos acontecidos en Manzanares durante la Guerra de Independencia contra la Francia napoleónica. Entre otras conclusiones, Bermúdez afirma que no nos encontramos ante el bicentenario del Patronazgo de Jesús del Perdón y que puede que no fuera Sebastiani el verdadero protagonista de los hechos.

Bajo el título “La Otra Mirada. Reflexiones sobre el encuentro del párroco, don Pedro Álvarez de Sotomayor Rubio, con un general francés”, el investigador de la Historia local, Antonio Bermúdez, ha recopilado su análisis y conclusiones sobre los hechos acontecidos durante la Guerra de Independencia en Manzanares.

Este es el relato de los hechos según Bermúdez. El día 27 de mayo de 1808, la 1ª División del Cuerpo del Ejército de Observación de la Gironda, compuesto por 30.000 hombres, bajo el mando del general Pierre Dupont, se detuvo en Manzanares, en su camino hacia Cádiz. El general en jefe decidió entonces establecer un hospital en la villa para atender a sus heridos y enfermos, ubicándolo en las dependencias del Convento de Carmelitas, que ocupaba el lugar donde actualmente se encuentra el Colegio “San José”, en la calle del Carmen.

El 5 de junio de ese año pernoctaron en Manzanares nuevas tropas de refuerzo francesas que se dirigían a Cádiz, mandadas por el general de brigada Louis Liger-Belair, pero que no lograron pasar de Valdepeñas, tras su enfrentamiento con los vecinos y segadores que trabajaban allí en la campaña de cereales. Enviaron emisarios a distintos pueblos de la provincia pero, que se sepa, únicamente Manzanares intentó prestarles ayuda. Armada con horcas, hachas, palos y navajas, una masa humana se dirigió al hospital, para robar los más de 200 fusiles que debían portar los franceses. La multitud enfervorizada asesinó despiadadamente a muchos de ellos, que apenas opusieron resistencia, pensando que no querían otra cosa que robarles. Esta saña espantó a la mayoría de los manzanareños, que regresaron a sus casas convencidos de que sobrevendrían durísimas represalias contra la población.

Cuando regresaron las maltrechas tropas del general Liger-Belair, las explicaciones de las autoridades, notables y clero debieron resultar lo suficientemente convincentes para que los franceses no tomasen represalias contra la ciudad, reiterando su compromiso con ella.

El 22 de junio, la numerosa división armada del general Dominique-Honeré Vedel, llegó a Manzanares, sabedora de los hechos acontecidos días antes, dispuesta a infligir un castigo ejemplar a la ciudad. Pero de nuevo las autoridades locales, entre las que se encontraba también el párroco Sotomayor, salieron al encuentro de los franceses, que desistieron de su deseo de venganza, gracias a la intervención de Liger-Belair. Bermúdez considera que este fue el auténtico “Perdón” de Manzanares.

En marzo de 1809, Napoleón ordenó al prestigioso general Horace François-Bastien Sebastiani la reocupación de La Mancha, que realizó en tan solo seis días. Ocupadas las principales poblaciones de la zona, el día 31 de marzo, festividad de Viernes Santo, se cree que fue el conocido general el que llegó a Manzanares. Pedro Álvarez de Sotomayor era en ese momento la máxima autoridad local, tras el linchamiento del alcalde, y la huída de su sustituto recién nombrado. De nuevo temerosos por las represalias de un acontecimiento que, según Bermúdez, ya se había diluido en la memoria de los franceses tras los “desastres de la Guerra”, los manzanareños, guiados por Sotomayor y portando la imagen del Cristo Arrodillado del Perdón, salieron al encuentro de la tropa. En el breve encuentro, probablemente conmovido por las súplicas e incluso el ofrecimiento de su vida a cambio de la de los vecinos por parte del párroco, el General francés prometió que no habría ningún tipo de represalia y entregó su fajín a la imagen de Jesús del Perdón, en un gesto simbólico de conciliación con la ciudad, si bien sí que hubo represiones posteriores durante la ocupación de la ciudad, según el investigador.

De todo lo expuesto, Bermúdez concluye en su hipótesis que no existía ninguna intención genocida en Sebastiani y a quien debería estar profundamente agradecida Manzanares es al general Liger-Belair; que Jesús del Perdón ya recibía esa advocación anteriormente a los hechos de la Guerra de la Independencia y no procede de ellos. Finaliza su tesis afirmando que el patronazgo de la ciudad no fue concedido a Jesús del Perdón hasta 1858, según ha deducido por un sermón escrito por el obispo Carrascosa y que bien podría deberse a la conmemoración del cincuentenario de la Guerra de Independencia.