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lunes, 20 de abril de 2009

“Imágenes para un recuerdo” puso el broche de oro a las XXV Jornadas de Pulso y Púa “Sotomayor”









VER VÍDEO: http://www.youtube.com/watch?v=A2kV9eMQleg

Las XXV Jornadas de Pulso y Púa “Sotomayor” serán recordadas por el brillante estreno de la Suite “Imágenes para un recuerdo”, de Balduíno Jesús Rodríguez, cuya interpretación en estreno absoluto, fue muy aplaudida por el público asistente. Los organizadores destacaron la calidad de las orquestas participantes, procedentes de Córdoba, Chiva (Valencia) y Majadahonda (Madrid).

La Orquesta de Pulso y Púa “Sotomayor” de Manzanares clausuró la vigésimo quinta edición de las Jornadas homónimas, celebradas durante el fin de semana en el Gran Teatro, con un concierto memorable en el que ofreció el estreno absoluto de “Imágenes para un recuerdo”, una suite compuesta por Balduino Jesús Rodríguez para el montaje “Trazos de una Guerra” de la Asociación Cultural “Airén”. Según Martín Cantarero, director de la Orquesta manzanareña, la ejecución de la obra conlleva diferencias dependiendo del contexto en el que se interprete.

Desvinculada de “Trazos de una Guerra”, la obra de Rodríguez se presentó como una suite de diez movimientos en los que se pueden intuir en dos partes de hondo contenido sentimental, algunos relacionados con el la Guerra de la Independencia, y otros con un carácter más intimista. Cada movimiento fue precedido con la lectura de un poema escrito por Maribel Ruiz, componente del Grupo Airén, quien resaltó el matiz intimista y de sentimiento de los textos.

A pesar de los lógicos nervios de un estreno, el autor de “Imágenes para un recuerdo” se mostró muy contento con el trabajo realizado por sus compañeros ante el público que acudió al Gran Teatro, y resaltó la interpretación, en primicia, de “Duerme el duende del amor”, primer movimiento de su próxima composición musical.

La actuación de la orquesta manzanareña estuvo precedida, en la jornada del domingo, por la Agrupación Musical de Pulso y Púa “5º Traste”, de la localidad madrileña de Majadahonda, cuyos componentes, dirigidos por Pedro Rubio, ofrecieron un concierto ameno con obras adaptadas de Sartori, Leoncavallo, Granados, Soler, Boccherini, Chapí y Fortea, algunas de ellas cantadas por el tenor José Luis Jiménez. El director de la Agrupación madrileña destacó la sonoridad del auditorio manzanareño y la importancia de organizar este tipo de encuentros y jornadas útiles para dar a conocer, al gran público, la música plectro, así como los diferentes grupos y orquestas que existen en España.

Por su parte, Martín Cantarero, alabó el trabajo artístico que presentaron en Manzanares cada una de las orquestas invitadas a las Jornadas valorando la calidad, variedad de estilos y, sobre todo, el elemento sorpresa que cada grupo introdujo en sus conciertos, destacando el concierto de la Orquesta de la “Ciudad de los Califas” (ONCE), de Córdoba por la discapacidad visual de sus componentes y la dificultad que ello conlleva.

Estas XXV Jornadas de Música de Pulso y Púa se inauguraron el sábado con la participación de la Orquesta de Plectro “Ciudad de los Califas”, perteneciente a la O.N.C.E. de Córdoba, y dirigida por Rafael Romero Gil. Se trata de una formación, que como su propio director comentó, está “llena de ilusión y esperanza, pero también de grandes objetivos”. Sus catorce miembros, la mayoría personas afiliadas a la ONCE, son grandes entusiastas de la música que compaginan su trabajo diario con los ensayos.

Romero Gil dijo que preparar por sus músicos los programas a interpretar es todo “un reto”. Los componentes invidentes se aprenden las obras a través de cintas grabadas por el propio director. A continuación, músicos videntes e invidentes hacen ensayos conjuntos guiados por la voz del director.

La Orquesta “Ciudad de los Califas” interpretó en el Gran Teatro un repertorio barroco compuesto por la Sonata en Do, del Padre Soler; Rondó y Polonesa (de la Suite en Re m), de J. S. Bach; el conocido Minueto, de Boccherini y tres tiempos de Don Juan, de Gluck junto al Bolero, de Sor y la Sonata VI de V. Roeser. Tras los cálidos aplausos del público, los músicos cordobeses los agradecieron con el bis “Polca”, de la Suite Mexicana de Eduardo Angulo.

Tras un pequeño descanso, esta primera jornada de conciertos contó con la participación de la Orquesta de Pulso y Púa “Villa de Chiva”, de Chiva (Valencia), dirigida por Francisco José Abellán Martínez. Se trata de una formación fundada a finales del siglo XIX, compuesta por una treintena de músicos muy jóvenes, que eligió para la ocasión un programa muy sinfónico con obras tan enérgicas con el primer movimiento de la 5ª Sinfonía de Beethoven, junto a la espectacular “Astoria”, del propio director; pasando por la sensibilidad de “El Lago de los Cines” de Tschaikowsky, y la popular “Boda de Luis Alonso”, de G. Jiménez.

El director de la Orquesta de Chiva destacó de su formación la versatilidad y la juventud que potencian, a su juicio, la música de plectro. Añadió que su orquesta prefiere romper tabúes y aportar todo lo que puede al repertorio de pulso y púa con programas más sinfónicos, demostrando la capacidad de estos instrumentos.

Igualmente, Abellán Martínez resaltó la importancia de la organización de encuentros como el de Manzanares. Al respecto anunció que tras varios años organizando en Chiva encuentros comarcales, este año lo harán de carácter nacional y contarán con la participación de la Orquesta “Sotomayor” de Manzanares.

miércoles, 8 de abril de 2009

Bermúdez cuestiona el “Perdón” de Sebastiani


VER VÍDEO: http://www.youtube.com/watch?v=23OBPsoc7Go

El investigador de la Historia local, Antonio Bermúdez, ha realizado un estudio, “La Otra Mirada”, en el que analiza y muestra sus reflexiones sobre los hechos acontecidos en Manzanares durante la Guerra de Independencia contra la Francia napoleónica. Entre otras conclusiones, Bermúdez afirma que no nos encontramos ante el bicentenario del Patronazgo de Jesús del Perdón y que puede que no fuera Sebastiani el verdadero protagonista de los hechos.

Bajo el título “La Otra Mirada. Reflexiones sobre el encuentro del párroco, don Pedro Álvarez de Sotomayor Rubio, con un general francés”, el investigador de la Historia local, Antonio Bermúdez, ha recopilado su análisis y conclusiones sobre los hechos acontecidos durante la Guerra de Independencia en Manzanares.

Este es el relato de los hechos según Bermúdez. El día 27 de mayo de 1808, la 1ª División del Cuerpo del Ejército de Observación de la Gironda, compuesto por 30.000 hombres, bajo el mando del general Pierre Dupont, se detuvo en Manzanares, en su camino hacia Cádiz. El general en jefe decidió entonces establecer un hospital en la villa para atender a sus heridos y enfermos, ubicándolo en las dependencias del Convento de Carmelitas, que ocupaba el lugar donde actualmente se encuentra el Colegio “San José”, en la calle del Carmen.

El 5 de junio de ese año pernoctaron en Manzanares nuevas tropas de refuerzo francesas que se dirigían a Cádiz, mandadas por el general de brigada Louis Liger-Belair, pero que no lograron pasar de Valdepeñas, tras su enfrentamiento con los vecinos y segadores que trabajaban allí en la campaña de cereales. Enviaron emisarios a distintos pueblos de la provincia pero, que se sepa, únicamente Manzanares intentó prestarles ayuda. Armada con horcas, hachas, palos y navajas, una masa humana se dirigió al hospital, para robar los más de 200 fusiles que debían portar los franceses. La multitud enfervorizada asesinó despiadadamente a muchos de ellos, que apenas opusieron resistencia, pensando que no querían otra cosa que robarles. Esta saña espantó a la mayoría de los manzanareños, que regresaron a sus casas convencidos de que sobrevendrían durísimas represalias contra la población.

Cuando regresaron las maltrechas tropas del general Liger-Belair, las explicaciones de las autoridades, notables y clero debieron resultar lo suficientemente convincentes para que los franceses no tomasen represalias contra la ciudad, reiterando su compromiso con ella.

El 22 de junio, la numerosa división armada del general Dominique-Honeré Vedel, llegó a Manzanares, sabedora de los hechos acontecidos días antes, dispuesta a infligir un castigo ejemplar a la ciudad. Pero de nuevo las autoridades locales, entre las que se encontraba también el párroco Sotomayor, salieron al encuentro de los franceses, que desistieron de su deseo de venganza, gracias a la intervención de Liger-Belair. Bermúdez considera que este fue el auténtico “Perdón” de Manzanares.

En marzo de 1809, Napoleón ordenó al prestigioso general Horace François-Bastien Sebastiani la reocupación de La Mancha, que realizó en tan solo seis días. Ocupadas las principales poblaciones de la zona, el día 31 de marzo, festividad de Viernes Santo, se cree que fue el conocido general el que llegó a Manzanares. Pedro Álvarez de Sotomayor era en ese momento la máxima autoridad local, tras el linchamiento del alcalde, y la huída de su sustituto recién nombrado. De nuevo temerosos por las represalias de un acontecimiento que, según Bermúdez, ya se había diluido en la memoria de los franceses tras los “desastres de la Guerra”, los manzanareños, guiados por Sotomayor y portando la imagen del Cristo Arrodillado del Perdón, salieron al encuentro de la tropa. En el breve encuentro, probablemente conmovido por las súplicas e incluso el ofrecimiento de su vida a cambio de la de los vecinos por parte del párroco, el General francés prometió que no habría ningún tipo de represalia y entregó su fajín a la imagen de Jesús del Perdón, en un gesto simbólico de conciliación con la ciudad, si bien sí que hubo represiones posteriores durante la ocupación de la ciudad, según el investigador.

De todo lo expuesto, Bermúdez concluye en su hipótesis que no existía ninguna intención genocida en Sebastiani y a quien debería estar profundamente agradecida Manzanares es al general Liger-Belair; que Jesús del Perdón ya recibía esa advocación anteriormente a los hechos de la Guerra de la Independencia y no procede de ellos. Finaliza su tesis afirmando que el patronazgo de la ciudad no fue concedido a Jesús del Perdón hasta 1858, según ha deducido por un sermón escrito por el obispo Carrascosa y que bien podría deberse a la conmemoración del cincuentenario de la Guerra de Independencia.